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El Gorg Negre es una poza que se encuentra en el arroyo del Sorreig, dentro del término municipal de Sobremunt. Podemos llegar a esta poza desde Sobremunt, Sant Boi de Lluçanès, Sant Bartomeu del Grau o Santa Cecília de Voltregà.

Escondido en el arroyo del Sorreig podemos encontrar el gorg negre, un paraje natural espectacular. Esta poza, además, cuenta con diferentes saltos de agua que la hacen un lugar idílico.

Se han conservado unas cuantas leyendas situadas en este lugar, ya que la gente de la zona se pensaba que en esta poza vivían distintas brujas y brujos. Estas brujas y brujos eran los responsables de las peores tormentas que asolaban la plana de Vic. Para crear estas tormentas, las brujas podían utilizar diferentes métodos. Uno de estos métodos era tirar arsénico y plantas a la poza, lo que creaba una reacción química que creaba una gran columna de vapor. Con este vapor, se creaban las nubes de tormenta.

Otro método, era hacer una hoguera junto al salto de agua. El humo de la hoguera se llevaba las gotas del agua al cielo, y se creaban las nubes de tormenta.

Otro método era picar las aguas de la poza con una bara de madera. A medida que iban picando el agua, las gotas subían al cielo y se creaban las nubes de tormenta. Una vez creada la tormenta, las brujas y los brujos dirigían las nubes allí donde querían.

Otra leyenda conservada nos habla que el Gorg Negre no tiene fondo. Al parecer, esta poza es una entrada directa al infierno. Un hombre quiso comprobar la profundidad de la poza, y para ello tiró una piedra atada a una cuerda. Al cabo de un rato de dejar cuerda, oyó una voz que le decía que no encontraría nunca el fondo. El hombre, asustado, se marchó rápidamente.

Otra leyenda nos dice que en una noche muy negra, un campesino pasó por el lado de la poza y encontró un carnero muy graso y de muy buena presencia. Pensó que alguien había perdido aquel animal, y lo ató a la cola de su caballo porque se lo quería quedar para su rebaño. Cuando pasaron por la poza, el carnero enloqueció y se puso a tirar con tanta fuerza, que arrastraba al caballo y al campesino hacia la poza. Al verse en peligro, el campesino cortó la cuerda con un cuchillo, y el carnero dijo “suerte has tenido que llevabas el cuchillo”. Seguidamente, el carnero se tiró al pozo y desapareció en su profundidad, y el campesino se marchó rápidamente de aquel lugar.