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La Casa de Badia se encuentra situada junto al Plan de la Meuca, al noroeste del término municipal de Sant Feliu Sasserra, en la meseta del Lluçanès, en la comarca del Bages.

Actualmente la casa de Badia se encuentra en estado ruinoso, aunque todavía se puede observar la grandiosidad de esta casa.

En esta casa se ha conservado una leyenda de brujería muy interesante. Una leyenda referente con que sucedía con los poderes maléficos cuando una bruja moría.

Según la leyenda, en esta casa vivía una familia. Esta familia estaba formada por una anciana, viuda, que vivía con su hijo heredero y la mujer de su hijo.

No sabemos cómo era la relación entre la suegra y la joven, pero si que es cierto que la joven decía, en todas partes, que su suegra era una bruja. No era extraño, ya que todos los vecinos de Sant Feliu Sasserra ya pensaban que la mujer de Badia era una bruja. Al parecer, por donde pasaba la mujer de Badia, siempre morían animales. Además, se ve que en la puerta de la Casa de Badia había un gato negro que nunca se movía. Un verano, unos jóvenes temporeros intentaron hacer mover el gato. Para ello, decidieron echarle un cubo de agua, pero el gato ni se movió, ni se mojó. Era el mismo demonio.

La mujer de Badia se fue haciendo mayor, hasta que llegó el momento en que la tuvieron que encamar ya que estaba a punto de morir. En ese momento, el hijo y la joven la abandonaron en la Casa de Badia, y pidieron a un vecino que estuviera al caso para cuando tuviera que ir a buscar el cura de Sant Feliu para darle la extremaunción.

El día que murió, el vecino encargado fue a buscar el cura de Sant Feliu Sasserra para darle la extremaunción. Al parecer, la situación fue grotesca, justo como la película de “el exorcista”. Mientras el cura le daba la extremaunción, la mujer de Badia iba preguntando: “¿Quién los quiere?”. El cura siempre le respondía: “¡devuélvelos a quien te los ha dado a ti!”. Continuó así hasta que la última frase que dijo la mujer de Badia, antes de morir, fue “Quien los quiera, en la chimenea están”.

Resulta que, cuando una bruja o brujo morían, los poderes de estos no desaparecían, sino que eran heredados por el familiar que estuviera más cerca de él en el momento de morir. Es por este motivo que su hijo, y la joven, la abandonaron cuando estaba a punto de morir. No sabemos si, una vez muerta, el hijo y la joven regresaron, nunca más, a la Casa de Badia, pero sí que es cierto que actualmente está en ruinas.