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El Vilar de Sant Boi es una gran casa que se encuentra en Sant Boi de Lluçanès.

Esta casa ya aparece documentada desde el siglo XIII. Sin embargo, el edificio actual es de 1735, y las galerías adyacentes son del año 1777. El Vilar es un gran edificio de cuerpo cuadrado con una torre en medio. Hay diferentes elementos a destacar, como la entrada neoclásica, y unas caras esculpidas con motivos animales que se encuentran en el tejado de la fachada principal.

A la derecha de la casa hay adosadas dos galerías porticadas con arcos rebajados que comunican con una pequeña torre cuadrada.

Durante las guerras carlistas, esta casa fue usada por altos cargos de los ejércitos liberales y carlistas, como por ejemplo el Conde de España, o el infante Alfonso, hermano de Carlos VII. Además, durante la tercera guerra carlista, en esta casa se estableció una gran imprenta y el Palacio de Intendencia de Cataluña, desde donde se controlaba todos los sucesos de la guerra carlista.

En esta casa, además, se ha conservado una leyenda. Según la leyenda, hace muchos años, en esta casa vivía un duende. El duende era un ser travieso que le gustaba mucho la limpieza y el orden. Tenía las manos agujereadas, y era la pesadilla de los que vivían en el Vilar de Sant Boi. Cada noche, el Duende entraba en la casa por el ojo de la cerradura de la puerta, o por debajo de las puertas o por las rendijas de las ventanas. Una vez dentro de la casa, siempre vigilaba que la mesa estuviera bien parada, los platos limpios, el hogar barrido y que todo estuviera ordenado. También iba a ver la despensa, para comprobar que no se desperdiciara nada. Si encontraba algo que no le gustaba, subía a las habitaciones de las criadas y no las dejaba dormir. El duende, además, también era muy amigo de los animales, y después de repasar la casa, iba a las cuadras y peinaba las crines de los caballos y de las mulas.

El duende era un problema para los habitantes del Vilar, e intentaron echarlo varias veces. Para hacerlo huir, las criadas esparcían grano en el suelo de la cocina, ya que el Duende no lo podía recoger porque tenía las manos agujereadas. Pero todos los intentos eran inútiles. Desesperados, los habitantes del Vilar decidieron cambiar de casa, pero aún así, el duende los seguía allí donde iban.

No sabemos si el Duende todavía sigue yendo, cada noche, a esta casa, o si bien éste se cansó y buscó otra casa.